Por Wilder Páez
Secretario g. del CDP-DN
El Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) inicia una nueva etapa bajo el liderazgo de un nuevo presidente, y con ello renace —al menos en el discurso y la expectativa colectiva— la esperanza de renovación institucional. Sin embargo, el panorama no es alentador: la planta física deteriorada, las heridas de una gestión marcada por conflictos judiciales y la necesidad urgente de dignificar el ejercicio periodístico colocan a esta nueva administración frente a un desafío histórico.
El CDP no puede seguir siendo una institución simbólica, que solo cobra relevancia en tiempos de elecciones internas o pronunciamientos coyunturales. Su sede, en franco deterioro, refleja el abandono material y moral al que ha sido sometido el gremio. El hecho de que una escuela turística opere dentro de sus instalaciones —tras una sentencia judicial favorable en contra del pasado presidente, Aurelio Henríquez— ilustra la complejidad institucional que hereda la nueva directiva: un espacio compartido, una autoridad debilitada y una credibilidad erosionada.
Pero más allá de los litigios, el reto mayor es el rescate de la dignidad del periodismo dominicano. En un entorno donde el oficio ha sido precarizado, donde muchos colegas trabajan sin seguridad social, sin contrato y en condiciones que rozan la explotación, el CDP tiene la obligación moral de ser la voz que exija respeto por la profesión. La defensa del periodista no puede limitarse a notas de prensa o declaraciones de ocasión; debe traducirse en acciones concretas, en incidencia ante el Estado y en la promoción de políticas públicas que garanticen condiciones laborales justas.
Además, el gremio debe mirar hacia el futuro con inteligencia y visión. La irrupción de la inteligencia artificial representa un doble filo: una oportunidad para fortalecer el periodismo con nuevas herramientas de verificación y producción, pero también una amenaza para quienes no logren adaptarse a la transformación tecnológica. El CDP tiene la responsabilidad de liderar ese proceso de capacitación, de crear espacios de formación continua que preparen al periodista dominicano para un entorno digital cada vez más competitivo y automatizado.
El nuevo presidente del CDP no solo hereda problemas administrativos, sino también una crisis de identidad colectiva. Es momento de que el Colegio deje de ser un refugio de nombres y vuelva a ser una casa del periodismo: abierta, participativa y comprometida con la ética, la innovación y la defensa del derecho a la información.
El futuro del CDP dependerá de su capacidad para reconstruirse desde adentro, con transparencia, diálogo y una visión moderna del oficio. La historia juzgará si este cambio de mando fue una oportunidad perdida o el punto de partida para rescatar la dignidad del periodismo dominicano.




