El insulto literario en obras como “El Quijote de la Mancha”

David R. Lor enzo

El insulto, que es forma agresividad de expresar y escribir sin filtros lo que se siente y piensa, para sorpresa de muchos, es también un recurso que se utilizada en la literatura, como por ejemplo, en el “Quijote de la Mancha”, la obra más importante de la literatura española.

El insulto tiene múltiples conceptualizaciones y facetas, por lo que personalmente clasifico al insultador en varias categorías, entre las que podemos citar: a) El insultador casual. b) El insultador compulsivo y patológico, c) el insultador odiador; d) El insultador intelectual y e) el insultador literario.

El insultador literario
Contrario a ese insultador patológico que lo hace por placer o por buscar fama, y no por su capacidad profesional e intelectualidad, aunque nos parezca sorprendente, en muchas obras clásicas de fama mundial, ciertos escritores respetables e ilustrados utilizan el insulto, como un recurso literario.

Incluso, en diferentes épocas hay escritores que en la vida real se han odiado entre sí, y han publicado “perlas” de insultos, unos con otros.

El insulto se ha popularizado tanto, que creo que ya forma parte de una categoría del idioma, y hasta hay quienes dicen que sin el insulto, el español estaría incompleto y no sería lo suficientemente útil para transmitir esas ideas ofensivas que procuran herir la sensibilidad del oponente.

Pero, para que tenga una categoría literaria, el insulto debe tener un rigor dialéctico, y sus palabras, por más hirientes que sean, deben parecer como una mitigación del lenguaje, que no invalida el valor de la obra.

Tal es el caso de Miguel de Cervantes y Saavedra, en su famosa obra “El Quijote de la Mancha”, que lo utilizó pese a que ese tipo de expresiones, en su época, no estaba permitido para autores, aún en personajes ficticios.

Lo que lo hace asimilable, es que pese a la dureza de las palabras, los autores lo hagan con estilo y elegancia, porque de esa manera, muchas veces el lector ni se da cuenta del lenguaje ofensivo.

Por ejemplo, en obras literarias que contienen diálogos de insultos, en épocas antiguas, y hasta recientes fueron censuradas, sacadas de circulación y quemadas, e incluso, algunos de sus autores fueron perseguidos o condenados a muerte. Para poner algunos ejemplos, el famoso escritor ruso, Fiodor Dostoievski, fue condenado a muerte el 16 de noviembre del 1849, no por escribir, sino por leer una carta del crítico literario Belinsky a Nikolai Gogol, que era muy crítica contra al zar y su gobierno.

Modernamente, en el 1989, el escritor hindú, Salman Rusbdie, fue sentenciado a muerte por el gobierno de Irán, por escribir su obra “Los versos satánicos”, por considerarse que se blasfema al profeta Mahoma.

Insultar con elegancia, no lo hace cualquier pataruco, sino alguien que tenga agilidad mental, conocimiento, intelectualidad y destreza en el uso de las palabras y debe estar bien conceptualizado en la obra, para que haya armonía.

En el caso de la obra de Cervantes, quien lleva la peor parte, es nada más y nada menos, que Sancho Panza, ya que El Quijote, en varias partes de la novela lo insulta duramente al llamarlo: “Traidor, descompuesto, villano, infacundo, deslenguado, atrevido, desdichado, maldiciente, canalla, rústico, patán, malmirado, bellaco, socarrón, mentecato y hediondo”. Incluso, los tipos de insultos que aparecen no eran apropiados para la época, por lo que su autor fue dichoso que no censuraran la obra.

¿Qué le parece? esta sarta de improperios contra ese noble personaje, quien es popular en la obra, alegre, simpático, con cierto juicio, algo de sabiduría popular y pacífico, pero, analfabeto, medio vago, glotón y borrachín.

Por ejemplo, en el capítulo 46, página 287 de la citada obra, se produce un desacuerdo entre Sancho Panza y Don Quijote, y éste descarga toda su ira verbal contra su escudero, de la siguiente manera:

“¡Oh, válame Dios y cuán grande que fue el enojo que recibió don Quijote oyendo las descompuestas palabras de su escudero! Digo que fue tanto, que con voz atropellada y tartamuda lengua, lanzando vivo fuego por los ojos, dijo:

—¡Oh bellaco villano, malmirado, descompuesto, ignorante, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente! ¿Tales palabras has osado decir en mi presencia y en la de estas ínclitas señoras, y tales deshonestidades y atrevimientos osaste poner en tu confusa imaginación? ¡Vete de mi presencia, monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, almario de embustes, silo de bellaquerías, inventor de maldades, publicador de sandeces, enemigo del decoro que se debe a las reales personas! ¡Vete, no parezcas delante de mí, so pena de mi ira!”.

En otro diálogo aparecido en el capítulo 11 de la obra, Sancho Panza llama “vieja” a una señora identificada como “La Dueña”, al pedirle que ponga en la caballería del castillo a su burro el rucio, y ésta le contesta: “Hijo de puta, dijo la dueña, toda ya encendida en cólera, si soy vieja o no, a Dios daré la cuenta que no a vos, bellaco harto de ajos”.

Como hemos podido leer, el insulto es un recurso literario que han empleado grandes escritores mundiales, pero para que les quede bien, y sea aceptado por los lectores, debe ser empleado con estilo y elegancia, como tal parece ocurre en varios episodios de esta famosa novela, El Quijote de la Mancha..

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